sábado, 19 de mayo de 2012

Encuentran restos de meteoritos en la Luna

Recreación del impacto de un meteorito en la Luna.| Dan Durda/FIAAA


Las muestras recogidas por los astronautas de las misiones 'Apollo' siguen siendo una extraordinaria fuente de estudio para los científicos. Una investigación publicada esta semana en la revista 'Science' describe el hallazgo de minúsculos fragmentos de meteoritos en las rocas lunares que los tripulantes de la 'Apollo 16' trajeron a la Tierra en 1972.
Los científicos creen que tanto la Tierra como la Luna fueron bombardeados por una gran cantidad de objetos en los orígenes del Sistema Solar. Las colisiones, sostienen, debían ser mucho más frecuentes que en la actualidad. Sin embargo, desconocen si esta 'lluvia' de objetos se componía sobre todo de asteroides, cometas o una combinación de ambos. Su estudio tiene una gran importancia para intentar averiguar cómo se originó la vida en la Tierra.
Según sugiere esta nueva investigación, firmada por investigadores estadounidenses del Instituto Planetario y Lunar de Houston, los asteroides eran probablemente los objetos que con más frecuencia impactaban sobre la Tierra y la Luna.

Los meteoritos que han impactado en la Tierra lo han hecho a velocidades grandes y, aunque los científicos no han podido localizar restos de estos objetos en las rocas terrestres que tienen miles de millones de años de antigüedad, tenían esperanzas de que estos restos se hubieran podido conservar en la superficie de la Luna.La mayoría de los estudios sobre los impactos de objetos en cuerpos del Sistema Solar se han basado en datos indirectos recabados tras el hallazgo de elementos químicos en el manto y en la corteza que podrían haber tenido su origen en el choque de meteoritos y asteroides.

3.800 millones de años

Al analizar varias muestras de rocas (brechas regolíticas) recogidas por astronautas en la Luna, los científicos encontraron minúsculos restos de meteoritos junto a otras partículas. Las brechas regolíticas proceden del regolito lunar (la capa de rocas sueltas y fragmentos minerales que no forman suelo).
Según calculan los investigadores, los minúsculos fragmentos detectados son muestras de los pequeños objetos celestes que cruzaron el Sistema Solar hace entre 3.400 y 3.800 millones de años. La autora principal del artículo, Katherine Joy, y sus colegas creen que se trata de restos de asteroides y no de cometas.
Según señalan, la textura y los minerales hallados en estos restos es parecida a los de los fragmentos procedentes de condritas carbonáceas (asteroides primitivos). También señalan que su composición es muy diferente a la de otras rocas recogidas en la Luna que tienen una mayor cantidad de hierro. Asimismo, las rocas analizadas en este estudio son más ricas en magnesio (Mg) y más pobres en níquel (Ni) que las rocas ígneas terrestres lo que, según sugieren, indicaría que estas muestras no han resultado contaminadas al ser manipuladas y trasladadas a la Tierra.

La ciencia en la misión 'Apollo 16'

La misión del 'Apollo 16', en abril de 1972, fue la penúltima del histórico programa de la NASA y una de las más fructíferas desde el punto de vista científico. Charlie Duke -el astronauta más joven que viajó a la Luna- y John Young pasaron más de 20 horas explorando la superficie lunar a bordo de un 'rover' con que batieron también un récord de velocidad al alcanzar los 18 kilómetros por hora. En total, recorrieron unos 27 kilómetros de la región denominada 'Descartes' durante los tres paseos lunares que hicieron en esta misión. El tercer miembro de la tripulación fue Thomas K. Mattingly.
Entre las numerosas muestras que los astronautas trajeron destaca la roca lunar más grande recogida (pesaba casi 12 kilogramos y fue apodada Big Muley, en homenaje al geólogo principal de la misión). Recogieron casi 100 kilos de rocas, que siguen siendo estudiadas por los científicos.

La tortuga gigante


Recreación de 'Carbonemys cofrinii' devorando un pequeño cocodrilo. |Liz Bradford.
Vivió hace 60 millones de años en el territorio que hoy es Colombia y su imponente mandíbula sugiere que debió ser un temido depredador capaz de devorar a reptiles. El fósil de una gigantesca tortuga, bautizada como 'Carbonemys cofrinii' (tortuga de carbón), fue encontrado en 2005 por un equipo de científicos de la Universidad del estado de Carolina del Norte (EEUU). Sus características se describen esta semana en la revista'Journal of Systematic Palaeontology'.
Su tamaño, comparan los autores, era similar al de un coche pequeño. De hecho, su espectacular caparazón, que fue encontrado en las inmediaciones, mide 1,72 metros. Prácticamente lo mismo que la altura de Edwin Cadena, el estudiante de paleontología que la ha descubierto.
Esta especie pertenecía a un grupo de tortugas ya extintas denominadas pelomedusoides, una denominación común que engloba, sin embargo, a una gran diversidad de especies, según se desprende de la colección de fósiles hallados.

Una de las mayores tortugas halladas

Su cráneo medía 24 centímetros (siguiendo con las comparaciones, los autores señalan que su cabeza debía tener el tamaño de un balón de fútbol). Se trata de la mayor tortuga hallada en esta zona y una de las más grandes encontradas hasta ahora.
Su nombre, 'Carbonemys cofrinii', significa tortuga de carbón debido a que el ejemplar fue encontrado en El Cerrejón, una mina a cielo abierto en el norte de Colombia en la que se extrae este mineral. El hallazgo se produjo en 2005.
En este mismo yacimiento se han encontrado con anterioridad tortugas de menor tamaño: "Tras pasar cuatro días trabajando para lograr desenterrar el caparazón me di cuenta de que este ejemplar era el más grande que ha sido hallado en este área, y nos ofrece la primera prueba de gigantismo en tortugas de agua dulce", explica Edwin Cadena en una nota de prensa difundida por la revista.

Convivió con otras especies gigantes

Y es que los paleontólogos creen que tortugas parientes de 'Carbonemys cofrinii', pero de menor tamaño, convivieron con los dinosaurios. Sin embargo, la versión gigante de esta especie surgió unos cinco millones de años después de la extinción de los dinosaurios, que desaparecieron hace 65,5 millones de años.
El ecosistema en el que habitó esta tortuga gigante estaba integrado por una gran variedad de reptiles gigantes. De hecho, los científicos creen que 'Carbonemys cofrinii' convivió, entre otros reptiles, con la espectacular 'Titanoboa cerrejonensis', la serpiente más grande encontrada hasta ahora y que también vivió en Sudamérica.

Poderosa mandíbula

¿Cómo lograron estos animales un tamaño tan colosal? La respuesta, especulan los científicos, debió ser una combinación de cambios en el ecosistema que propiciaron su propagación, favorecieron su aumento paulatino de tamaño y, posteriormente, la supervivencia de estas especies gigantes.
Entre estos factores, señalan, estaría la escasa presencia de depredadores que supusieran una amenaza, un hábitat muy amplio, abundantes recursos alimenticios y cambios en el clima favorables. Y es que una tortuga de estas características tuvo que disponer de un gran territorio. Y si logró sobrevivir es porque devoraba a muchas de las especies que competían por su alimento.
No le debió ser difícil teniendo en cuenta las características de su mandíbula. Junto a su gran tamaño, los paleontólogos destacan la poderosa mandíbula de este espécimen, que le habría permitido devorar todo tipo de animales, desde moluscos a tortugas más pequeñas pasando por cocodrilos de pequeño tamaño.
Las tortugas eran una presa habitual de los cocodrilos, según demuestran las mordeduras detectadas en el caparazón de numerosos fósiles de tamaño más pequeño hallados en este yacimiento de Colombia. Sin embargo, estos cocodrilos no habrían supuesto una preocupación para un 'Carbonemys' adulto.
El ecosistema en el que vivieron estas especies gigantescas se parecería al del Delta del Río Amazonas o del Orinoco, en Venezuela, pero con temperaturas mucho más altas.

jueves, 10 de mayo de 2012

El mamut enano

Investigadores del Museo de Historia Natural de Londres han identificado el que parece ser el mamut más pequeño que existió en el mundo. Este pequeño elefante, bautizado como 'Mammuthus creticus' vivió en la isla mediterránea de Creta, a la que debe su nombre, y era de un tamaño equivalente, en su edad adulta, a una cría de elefante africano y no superaba el metro de altura.

Este pequeño plaquidermo del Pleistoceno vivió hace 3,5 millones de años en la isla.
Los restos de este mamut enano consisten en unos cuantos molares y parte de un húmero. Los molares fueron llevados hasta Gran Bretaña en 1904 por la famosa paleontóloga Dorothea Bate, una de las primeras mujeres en dedicarse a esta disciplina científica, que los encontró en el yacimiento de Cape Maleka. Y ha sido otra, Virgina L. Herridge, del Museo de Historia Natural, quien hace algún tiempo decidió volver a estudiar aquella colección de fósiles, completada con nuevos restos que ayudaban a conocer su tamaño.
Entre una y otra está el trabajo del cretense George Iliopoulos, de la Universidad de Patras, que redescubrió el yacimiento en 2011, encontrando nuevos restos, aunque no supo ver que era una nueva especie de mamut.

"Si se pudiera reconstruir, sería como un bebé elefante, pero más fornido, con los miembros más gruesos y un aspecto rechoncho. Habría tenido unos colmillos en rizo de adulto", ha señalado Herridge en un comunicado del Museo.

El enanismo es un fenómeno evolutivo que ya se ha visto en otros mamíferos de gran tamaño, como recuerda la paleontóloga británica. El caso más conocido es el del 'Homo floresiensis', una especie humana de pequeño tamaño que se encontró hace unos años en la Isla del Flores, en Indonesia, y fue publicada en 2004. También allí había elefantes enanos.

En el caso de Creta, según se publica en la revista 'Proceedings of The Royal Society B', el enanismo sucedió en un grado muy extremo: estos mamuts eran una cuarta parte o menos de sus congéneres del continente, sin llegar a superar el metro de altura.

El trabajo de Herridge y su colega Adrian M. Lister demuestra que esta evolución en aislamiento fue independiente de la que tenían los elefantes de tamaño normal (los 'Paleaeoloxodon') y otros mamuts de colmillos rectos, del género 'Mammuthus', en el continente. "Defendemos que descienden de los mamuts europeos más primitivos, y no de los elefantes de colmillos rectos enanos como se creía, y su evolución comenzó hace 3,5 millones de años, mucho antes de lo que se pensaba", señala la investigadora.
Entre los rasgos físicos que comparte este 'M. creticus' con los mamuts europeos está la forma del esmalte en la superficie de los molares, así como la anchura y la altura de todas las piezas dentales. "Todo ello sugiere", según Herridge, "que son similares a los que vagaron por los llanos de Europa hace entre 2,5 millones y 800.000 años, e incluso a otros más primitivos, porque llegaron a Creta mucho antes". Se refiere a los 'M. meridionalis' y a los 'M. rumanus'.

Los mamuts enanos de Creta no sólo se adaptaron a la escasez de recursos de la isla 'empequeñeciendo' su tamaño, sino que también lo hicieron al clima, que era más cálido que en otras zonas de Europa. Por ello no tenían pelo sobre la piel para abrigarse.

Su alimentación debía ser una mezcla de plantas, según sugieren sus molares.

Con la llegada de la Edad de Hielo, todos los mamuts acabaron por desaparecer: no sobrevivieron ni al clima ni a los seres humanos que, con herramientas y estrategias cada vez más sofisticadas, eran capaces de darles caza pese a su tamaño.

Estos pequeños cretenses, no mayores que un antílope, les habrían intimidado aún menos, pero ya se habían extinguido para entonces.

Ilusión óptica de la Luna "achatada"

'Hundimiento de la Superluna en la atmósfera'. | A. Kuipers/ESA

Los habitantes de la Tierra no han sido los únicos que el pasado fin de semana quedaron deslumbrados por la Superluna que se podía observar en el cielo. También los astronautas de la Estación Espacial Internacional (ISS) quisieron fotografiar el fenómeno y han logrado captar al satélite 'achatado' por el horizonte terrestre.

El tripulante de la Agencia Espacial Europea (ESA), André Kuipers, ha publicado en su cuenta de 'twitter' una imagen de la Luna captada desde el módulo espacial y que ha titulado 'hundimiento de la Superluna en la atmósfera'. Según han explicado los expertos, esta visión se produce cuando el satélite comienza a deslizarse por detrás de la Tierra, y la ISS lo va perdiendo de vista "como en una puesta de sol".

Además, Kuipers ha captado otras imágenes de la Luna brillante sobre el planeta y enmarcada por la negrura del espacio. Del mismo modo, los astronautas han grabado un video de la Superluna en el espacio.

En el momento de las imágenes, la luna estaba a 356.955 kilómetros de la Tierra. Los astrónomos han señalado que podría aparecer hasta un 14 por ciento más grande y un 30 por ciento más brillante de lo que los ciudadanos desde la Tierra lo pudieron observar. En promedio, la Tierra está aproximadamente a 384.400 kilómetros de la Luna.

Así, la Superluna del pasado sábado se produjo cuando la ésta alcanzó su punto de perigeo de mayo -el más cercano que se va a producir en 2012-. La última Superluna tuvo lugar el 19 de marzo de 2011.

El mar podría inundar zonas de la costa de Vizcaya durante el siglo XXI

Un estudio llevado a cabo por investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y del Centro Tecnológico AZTI-Tecnalia ha estimado que a finales de siglo las áreas inundables en la costa de Vizcaya podrían triplicar las actuales. Los resultados de este trabajo, publicado en la revista 'Climate Research', son fruto del análisis del impacto de las crecidas extremas causadas por la combinación de las oscilaciones de las mareas y los cambios en el nivel del mar en esta región.

Según este estudio, a finales del siglo XXI, el 50% de las áreas que podrían inundarse corresponden a terrenos urbanizados, tanto residenciales como industriales. "Hemos elegido este área geográfica debido a que disponemos de datos topográficos de gran precisión que han permitido determinar con fiabilidad cotas de inundación y tipologías de las áreas afectadas", precisa la investigadora del CSIC Marta Marcos, del Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados.

Para desarrollar el modelo de predicción, los investigadores han considerado dos escenarios climáticos posibles de entre los definidos por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (conocido como IPCC, por sus iniciales en inglés): uno con cambios moderados y otro más negativo.

Para cada uno de ellos, el estudio ha tenido en cuenta los efectos de la subida paulatina del nivel medio del mar por el calentamiento y el deshielo, así como los cambios en las tormentas y su impacto en los niveles del mar extremos (efectos de presión atmosférica y viento). Ambas contribuciones han sido obtenidas a partir de simulaciones de modelos numéricos.

Esta metodología ha permitido establecer los niveles máximos que se prevé alcanzar a lo largo del siglo XXI, bajo los supuestos de los escenarios considerados, con respecto a la situación actual.

"Este estudio da una idea de la variabilidad regional de nivel del mar y riesgos de inundación locales, y por lo tanto proporciona la información necesaria para la formulación de medidas eficaces de adaptación a medio plazo a los cambios extremos del nivel del mar", concluye la investigadora.

Ermita de San Juan de Gaztelugatxe, en la costa de Vizcaya. | Mitxi

jueves, 3 de mayo de 2012

El agujero negro que se tragó una estrella

Un equipo de astrónomos ha tenido el privilegio de presenciar, en tiempo real, cómo un agujero negro supermasivo engulle una estrella. Se trata de un evento excepcional en el cosmos que, según señalan los científicos en un artículo publicado en la revista 'Nature', sólo se produce, de media, una vez cada 10.000 años en una galaxia.

"Los agujeros negros son, de algún modo, como los tiburones. Se les considera, equivocadamente, máquinas que matan de forma permanente. En realidad, permanecen en calma durante la mayor parte de su vida. Pero ocasionalmente, una estrella se aventura demasiado cerca, y es ahí cuando se desencadena el frenesí carnívoro", explica Ryan Chornock, investigador del centro de Astrofísica Harvard-Smithsonian y coautor del estudio.

Los agujeros negros supermasivos tienen una masa de entre un millón y mil millones la de nuestro Sol, se encuentran en el centro de la mayor parte de las galaxias del Universo y se detectan gracias a la intensa radiación que emiten cuando aspiran el gas situado a su alrededor. Por ello, cuando su entorno es pobre en gas, su radiación es débil. De hecho, es particularmente difícil estudiar los agujeros negros 'durmientes' a menos que sean sorprendidos en pleno banquete. Que es precisamente lo que les ha ocurrido a los astrónomos Ryan Chornock y Suvi Gezari, de la Universidad John Hopkins.

Un fenómeno observado en 2010

El 31 de mayo de 2010 detectaron, gracias al telescopio Pan-STARRS 1, en Hawai, un resplandor en el corazón de una galaxia situada a 2.700 millones de años-luz. La luz fue haciéndose progresivamente más intensa, alcanzado su punto culminante el 12 de julio de ese año, antes de ir apagándose paulatinamente.
El agujero negro supermasivo observado tenía una masa tres millones de veces superior a la de nuestro Sol.
"Hemos observado el fin de una estrella y su digestión por parte de un agujero negro en tiempo real", señala Edo Berger, uno de los astrónomos que ha participado en el estudio.

La estrella devorada por este agujero negro estaba tan cerca de él que las fuerzas generadas por el campo de gravidez de este 'monstruo cósmico' la han desmantelado literalmente. El gas que conformaba esta estrella ha sido aspirado por el agujero negro, provocando tal aumento de la temperatura que el fenómeno ha podido ser observado por los astrónomos.

Simulación del agujero negro. | NASA / S. Gezari

El nimbadón

Esqueleto de 'Nimbadon lavarackorum'. | AFP

Los nimbadon, unos marsupiales extintos que tenían el tamaño de una oveja y antecesores de los wombat, poblaron las copas de los árboles australianos hace unos 15 millones de años.

El nimbadon, que pesaba más de 70 kilogramos de peso y tenía garras poderosas, era un "animal muy hábil" que "que habría adoptado un método para trepar los troncos de los árboles similar al de los koalas actuales", dijo la jefa de la investigación Karen Black de la Universidad de Nueva Gales del Sur (NSW, por sus siglas en inglés).

Sus descendientes lejanos son los actuales wombat, unos marsupiales terrestres de un metro de largo, con patas cortas y muy agresivos cuando se sienten amenazados.

El nimbadon, que solía movilizarse en manada como el canguro contemporáneo, se alimentaba de frutos localizados en la copa de los árboles de los bosques tropicales australianos y fue un agente importante en la dispersión de las semillas en la era del Mioceno.

Hábil trepador

Su habilidad para trepar por los árboles le permitió al gigantesco marsupial "reducir la competencia por las fuentes de comida con otros herbívoros, entre ellos el canguro, y escapar de sus depredadores como los leones marsupiales", agregó la científica australiana en un comunicado de prensa de la Universidad de NSW.
Black, quien presentará este jueves en Sydney las primeras conclusiones de este estudio, que aún no ha sido publicado, ha trabajado con Aaron Camens, de la Universidad de Flinders, así como Mike Archer y Sue Hand, de la Universidad de Nueva Gales del Sur.

El equipo científico se centró en el estudio una gran cantidad de fósiles de los 'Nimbadon lavarackorum', de todas las edades, hallados hace varios años en una cueva del yacimiento arqueológico Riversleigh, en el noroeste del estado australiano de Queensland.

Estos fósiles permitieron a los investigadores estudiar en detalle el desarrollo del cráneo, del cerebro de estos gigantescos animales y su comportamiento, así como de los cambios ambientales que afectaron el ecosistema australiano en la prehistoria, agregó el comunicado.